viernes, 3 de junio de 2011

México DF: picante, picante, picante...

Esperaba con mucha ansiedad México, no sólo por ser el primer destino del viaje sino porque significaba el encuentro con amigos que no veía hace 13 o 14 años.
Al DF lo había conocido fugazmente y en mi memoria quedaban algunos flashes como el periférico, el zoológico y un temblorcito (anécdota a la que suelo darle un poco de color), ahora me tocaba conocerla con nuevos ojos.
Aclaro que mi blog se va a basar en mi sobrevivencia y no en algo más arquitectónico, ya que si solo fuera de arquitectura ni mi madre lo leería y como la única que lo va a leer es mi madre, prefiero redactarle solo mi experiencia diaria.
La llegada estuvo cargada de mucha adrenalina a pesar de lo agotador del viaje (hicimos una parada en Miami para abastecernos de tecnologías).
Todo el tiempo busque imágenes familiares, no siempre con éxito (que desilusión me lleve al ver que los taxis ya no son más los típicos fuscas verdes y blancos). Aunque si de algo me acordaba de México y no había cambiado era su olor. Es esa clase de olor que te perfora la nariz y se te graba en el cerebro. Recorde que si te gusta el picante morirse de hambre es tarea imposible, en cada esquina hay un puesto de comida, en cada salida solitaria de subte, en cada puerta de baño (que por cierto nunca son gratis), hasta en cada lanchita de Xochimilco (preguntar si algo es picante es una obviedad). Estómagos sensibles y colones irritables abstenerse, inlcuso los más valientes del grupo sucumbieron ante el poder incendiario de un taco.
En el DF, todo es grande, todo es mucho y todo es latino, es una mega ciudad que conserva con orgullo sus tradiciones, su herencia milenaria y su fe.



Casa Barragán


Plaza de la Revolución



Iglesia del Zócalo


Nota: la gente nos mira con rareza y para sorpresa mía nos hablan en inglés, mis amigas rubias han causado algunas distracciones en los conductores pero por suerte no debemos lamentar accidentes importantes.


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