viernes, 3 de junio de 2011

Phoenix: desierto y cactus

Del frío crudo de Chicago volamos al calor seco del desierto de Arizona, el paisaje amarillo y de cactus parece sacado de una película. La estadia fue corta, visitamos la Taliesin West de Wright (que nunca defrauda). Lo mas dificil de esta etapa fue conseguir algo de sombra para poder almorzar, pero lo conseguimos. Un error de cálculo nos hizo arrancar antes para el Cañon del Colorado, pero no hay mal que por bien no venga. Nuestra relación con el gps o mejor dicho con "Mónica" la voz de acento español que nos guía es de amor-odio, a veces nos salva la vida y otras nos la complica!. En esta etapa el cronograma es justo, los lugares muchos y las distancias son largas.

Chicago: blues, blues, blues...

Siendo una gran ciudad teniamos decenas de obras destacadas para ver pero por suerte el ritmo de Chicago fue mas humano, no como en New York que eramos máquinas de sacar fotos, a la cacería de obras.
A Chicago la recorrimos caminando lentamente, por su calles congeladas por una primavera que luego supimos era atipicamente fría. La parada obligatoria (aunque no académica) era escuchar blues... y lo hicimos en la House of Blues, un lugar con una decoración muy pintoresca, de comida picante y excelente musica. Esa noche tocó Tower of Power que improvisó con un guitarrista argentino (no conocido, al menos no aún).

Toledo:

Nuestro unico punto marcado en esta ciudad era el Pabellón de Vidrio, donde los límites entre el interior y el exterior se pierden, donde la realidad se refleja al infitinito y donde la nobleza del vidrio se manifiesta. Evidencia que no hay nadie que entienda los limites y no-limites entre el hombre y la naturaleza mejor que los japoneses, el pablellón de vidrio de Toledo es una ilusión, una realidad borrosa...

Fallingwater: cuando me mudo?

La Casa de la Cascada o FallingWater en el estado de Pennsylvania del Arq. Frank Lloyd Wright si se veía increíble en fotos creanme que en vivo y en directo es inmensamente mejor. Atravesé la puerta e inmediatamente pensé: yo quiero quedarme a vivir acá!. Todo parece de ensueño, ubicada sobre una cascada, incrustada en la piedra, en medio de un bosque impresionantemente verde, con sus terrazas flotantes y la música constante del correr del agua... ese día llovía lo que hizo que todo se viera aun más verde y el ruido de la lluvia y cascada se mezclaban...
Mis fotos no le hacen justicia pero igual las subo para que tengan una idea.










Philadelphia in a glimpse

Luego de salir de New York al mediodía (habiendo tenido previmente mi primera experiencia al volante de un auto automático en el centro de NY, mientras escuchaba una radio latina) y recorrer unas obras de Venturi y Kahn, ya casi por por oscurecer e intentando convencer a los más estructurados del grupo nos escapamos unos minutos a ver aunque sea por la ventanilla del auto algo del centro de Filadelfia. Acertadas decisiones si las hay, los rascacielos con sus cumbres iluminadas, el City Hall, el edificio de Comcast, el señor con el que conversé en la calle que me hablaba de arte y las lunas... todo me deslumbró y me dejó con ganas de volver y conocer un poco más la ciudad de Rocky.



NY, NY!

Volamos sobre ella y fue increíble, estábamos todos colgados de las ventanas diminutas del avión para poder ver New York de noche, valieron la pena ese par de codazos bien dados para ver desde el cielo al Empire ilumnado. Llegamos faltando poco para la medianoche, y nos enfrentamos al primer reto: EL IDIOMA!. Si se nos había complicado alguna vez en español por culpa de la "y" (sh) tan marcada y tan poco latina, ahora en inglés ni me lo podía imaginar. A lo indio fuimos zafando, aunque acá por momentos parece ser que nadie habla inglés, cruzas las calles junto con decenas de etnias que hablan a los gritos por teléfono en idiomas indescifrables, compartis el subte (maravilloso invento) con miles de estilos. Acá nadie es raro, somos todos raros, lo cual me encanta.
La rutina diaria fue maratónica mejor dicho pentatlónica!, salíamos a primera hora para volver sin sol, nos ardian las pantorrillas de tanto caminar pero no queriamos perdernos nada, todo valía la pena verlo. Los rascacielos, prismas brillantes infinitos, te dejan el cuello dolorido de tanto mirar para arriba, todo es urbano y de repente cuando menos lo esperas un espacio verde, una sorpresa, un descanso, una maravillosa pausa... ¿Qué me gusto más? No sé, todavía la estoy degustando.





Cuba: mentirita, mentirita

El vuelo fue una especie de viaje en el tiempo, de repente estábamos en los años 50, los autos, la gente, la arquitectura, todo parecía salido de una foto decolorada de un folleto viejo que alguna vez vi de Cuba. Por momentos fugaces parece que estamos en Montevideo, los que saben dicen que son ciudades gemelas (yo les creo). Algunas de sus calles parecen de nuestra ciudad vieja y su malecón nos recibió como nuestra rambla, dándonos un respiro luego de la locura que significó el DF. Es lindo encontrar algo de casa en otra parte del mundo.
La Habana es hermosa... triste y hermosa. Quedan los esqueletos o fachadas de arquitecturas de un pasado mas glorioso, que hoy en algunas partes se cae a pedazos y que en otros casos esta siendo revitalizada con "esfuerzo compañero". Caminando por las calles nunca falta quien te pida educadamente un lápiz o un jabón para que les regales... tampoco falta la música y el ritmo... y a mi me da la sensación que acá todos son artistas... De la tierra del "oie shico", "del bien rico" y la "salsa" me llevo (sacando un par de habanos y una mulata en madera) su gente, su son cotidiano, su trato amable, su curiosidad constante y su deseo de libertad.






El malecón en Coco Taxi


Enfrente al Congreso




Si pedis un "Cuba Libre" en alguna barra de un bar de La Habana te responden con acento: "ud. quiere un mentirita, mentirita?"...