Siendo una gran ciudad teniamos decenas de obras destacadas para ver pero por suerte el ritmo de Chicago fue mas humano, no como en New York que eramos máquinas de sacar fotos, a la cacería de obras.
A Chicago la recorrimos caminando lentamente, por su calles congeladas por una primavera que luego supimos era atipicamente fría. La parada obligatoria (aunque no académica) era escuchar blues... y lo hicimos en la House of Blues, un lugar con una decoración muy pintoresca, de comida picante y excelente musica. Esa noche tocó Tower of Power que improvisó con un guitarrista argentino (no conocido, al menos no aún).
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